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Gloria Álvarez: "Populismo Vs. República".



Brillante la definición de populismo: "El populismo es el atajo por el cual jugamos con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente, para prometer lo que es imposible, aprovechándose de la miseria de la gente, dejando fuera absolutamente toda la razón y la lógica en la toma de decisiones, en suma, juega con la necesidad para, sencillamente, imponer una dictadura".

The Economist: Lecciones para muchos gobiernos de un país con 100 años de declive

Hace un siglo, cuando Harrods decidió crear su primer emporio en el extranjero, eligió Buenos Aires. En 1914 Argentina se destacaba como el país del futuro. Su economía había crecido más rápido que la estadounidense en las cuatro décadas anteriores. Su PIB per cápita era mayor que el de Alemania, Francia o Italia. Se jactaba de su  tierra maravillosamente fértil, un clima soleado, una democracia nueva (el sufragio universal masculino fue introducido en 1912), una población educada y el baile más erótico del mundo. Los inmigrantes “tangueaban” en todas partes. Para un joven ambicioso, la elección entre Argentina y California era muy difícil.

Todavía hay muchas cosas que amar de Argentina, desde la salvaje Patagonia al mejor futbolista del mundo, Lionel Messi. Los argentinos siguen siendo quizás las personas más guapas del planeta. Pero el país es un desastre. Harrods cerró en 1998. Argentina es una vez más en el centro de una crisis de los mercados emergentes. Esto puede ser atribuido a la incompetencia de la presidenta, Cristina Fernández, pero ella no es más que la último de una sucesión de populistas económicamente analfabetos, que se remonta a Juan y Eva (Evita) Perón, y antes también. Olvídese de competir con los alemanes. Los chilenos y uruguayos, a quienes los argentinos solían menospreciar, ahora son más ricos que ellos. A los niños de ambos países - y de Brasil y México - también les va mejor en las pruebas internacionales de educación.

Reimpresiones
¿Por qué detenerse en una tragedia nacional? Cuando la gente considera que lo peor puede pasarle a su país, piensan en el totalitarismo. Teniendo en cuenta el fracaso del comunismo, ese destino ya no parece probable. Si Indonesia estaba a punto de hervir, los ciudadanos difícilmente miren a Corea del Norte como un modelo; los gobiernos de Madrid y Atenas no están citando a Lenin como la respuesta a sus tribulaciones en euros. El verdadero peligro inadvertido es la Argentina del siglo XXI. Deslizarse casualmente hacia una caída sostenida no es difícil. El extremismo no es un ingrediente obligatorio, por lo menos no en demasía: debilidad de las instituciones, políticos localistas, dependencias sin ánimo de ser modificadas y una persistente negativa a enfrentar la realidad hacen al asunto.

A lo largo de mis días salvajes, mi loca existencia
Al igual que en cualquier otro país, la historia de Argentina es única. Ha tenido mala suerte. Su economía dependiente de las exportaciones fue golpeada por el proteccionismo de los años de entreguerras. Confió demasiado en Gran Bretaña como socio comercial. Los Perón eran populistas seductores inusuales. Al igual que la mayor parte de América Latina, Argentina adoptó el Consenso de Washington a favor de la apertura de los mercados y la privatización en la década de 1990 y se fijó el peso al dólar. Pero la crisis, cuando llegó en 2001, fue particularmente salvaje - y dejó a los argentinos en permanente sospechosa de la reforma liberal.

La mala suerte no es el único culpable. Debido a su economía, su política y su renuencia a reformar, la decadencia de la Argentina ha sido en gran parte autoinfligida.

Las materias primas, gran ventaja de la Argentina de 1914, se convirtieron en una maldición. Hace un siglo, el país fue uno de los primeros en adoptar la tecnología de carne refrigerada - la aplicación asesina de aquellos tiempos- pero nunca trató de agregar valor a su comida. Incluso hoy en día, su cocina se basa en tomar la carne mejor considerada del mundo y quemarla. Los Perón construyeron una economía cerrada que protegía sus industrias ineficientes; mientras generales de Chile se abrieron en la década de 1970 y se pusieron a la cabeza. El proteccionismo de Argentina ha socavado el Mercosur, el pacto comercial regional. El gobierno de Fernández de Kirchner no sólo imponer aranceles a las importaciones, sino que grava las exportaciones agrícolas.

Argentina no construyó las instituciones necesarias para proteger a su joven democracia de su ejército, por lo que el país fue propenso a los golpes de Estado. A diferencia de Australia, otro país rico en materias primas, la Argentina no desarrolló partidos políticos fuertes decididos a construir y compartir la riqueza: su política fue capturada por los Perón y se centró en las personalidades y la influencia. Su Corte Suprema ha sido manipulado repetidamente. La interferencia política ha destruido la credibilidad de su oficina de estadística. El soborno es endémico: el país ocupa un deficiente puesto 106 en el índice de corrupción de Transparencia Internacional. La creación de instituciones es una tarea lenta y aburrida. Los dirigentes argentinos prefieren la reparación veloz de los líderes carismáticos, tarifas milagrosas y tipos de cambio fijos, en lugar de, digamos, una profunda reforma de las escuelas del país.

No son las soluciones que prometían ser
La decadencia de la Argentina ha sido seductoramente gradual. A pesar de períodos terribles como la década de 1970, Argentina no sufrió nada tan monumental como Mao o Stalin. A lo largo de su declive, los cafés de Buenos Aires han seguido sirviendo espressos y medialunas. Eso hace que su enfermedad especialmente peligrosa.

El mundo rico no es inmune. California está en una de sus fases estables, pero no está claro que ha dejado su adicción a las soluciones rápidas a través de referendos, y su gobierno aún carga su peso sobre el sector privado. El extremo sur de Europa, tanto el gobierno como las empresas han evitado enfrentar la realidad con desdén argentino. La demanda petulante de Italia de que las agencias de calificación deben tener en cuenta su "riqueza cultural", en lugar de mirar demasiado de cerca sus dudosas finanzas públicas, suena similar a la Señora Fernández de Kirchner. La Unión Europea protege a España o Grecia de no caer en un espiral de autarquía. Pero ¿y si la zona euro se rompe?

El peligro más grande, sin embargo, radica en el mundo emergente, donde el progreso ininterrumpido está comenzando a ser visto como imparable. Demasiados países han disparado hacia adelante sus problemas sobre las exportaciones de productos básicos, pero descuidado sus instituciones. China tiene menos hambre de materias primas, por lo que las debilidades de los países emergentes están expuestas al igual que la fue en Argentina. El populismo acecha a muchos países emergentes: están estirando las constituciones. Dependiendo excesivamente del petróleo y gas, gobernado por cleptócratas y acorazada con una autoestima peligrosamente alta, Rusia marca muchos casilleros. Pero incluso Brasil ha coqueteado con el nacionalismo económico, mientras que en Turquía el autocrático Recep Tayyip Erdogan está mezclando Evita con el Islam. En muchas partes de Asia emergente, incluyendo China y la India, el capitalismo de amigos está a la orden del día. La desigualdad alimenta la misma rabia que produjo los Perón.

La lección de la parábola de la Argentina es que el buen gobierno importa. Tal vez se aprenda de la lección. Pero lo más probable es que dentro de 100 años el mundo mire hacia atrás otra Argentina, otro país del futuro que quedó atrapado en el pasado.

Seis milagros del populismo


  1. No hay desempleo, pero nadie trabaja
  2. Nadie trabaja, pero todos cobran
  3. Todos cobran, pero no hay nada que comprar con el dinero
  4. Nadie puede comprar nada, pero todos son dueños de todo
  5. Todos son dueños de todo, pero nadie está satisfecho
  6. Nadie está satisfecho, pero el 99 % de las personas votan por el sistema

Más restricciones a la prensa

Venezuela y los países que, como Bolivia, Ecuador o Nicaragua, están claramente dentro de su órbita de influencia política continúan desplegando activamente toda suerte de restricciones regulatorias a las libertades de información y expresión. Este camino tiene como objetivo final crear en cada uno de esos países una situación parecida a la de Cuba, que obra a la manera de "modelo" para todos ellos, donde esas libertades esenciales simplemente ya no existen desde hace rato. La agudización de las restricciones instrumentadas a partir de las llamadas "leyes de medios" es cada vez más evidente.

Venezuela acaba de crear un nuevo organismo dotado de facultades para monitorear toda la información, pudiendo declararla "reservada", de modo de limitar o impedir su circulación y difusión. Se trata de un instrumento de censura que ha sido creado a cara descubierta, pese a que sus pautas operativas conforman una violación clara a las normas internacionales. Nos referimos al Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria.

Pese a que esa iniciativa estaba en plena discusión parlamentaria, el organismo de censura fue creado repentinamente por decreto, designándose para conducirlo a un general de las milicias bolivarianas que estaba a cargo de las labores de inteligencia. Una muestra más del control militar que se está ejerciendo sobre Venezuela.

En paralelo, el cuestionado presidente venezolano, Nicolás Maduro, acaba de solicitar públicamente la cárcel para algunos periodistas del Diario 2001, simplemente por mencionar en la tapa que en Venezuela existe escasez de combustible. Según Maduro, eso es un delito imperdonable.

En Ecuador, donde el autoritario presidente, Rafael Correa, persigue implacable y abiertamente a todo medio o periodista que disienta de sus opiniones, se acaba de designar a Carlos Ochoa, un periodista afín al gobierno y ex director de Noticias de GamaTV, como superintendente de Información con facultades expresas de sancionar autónomamente a los medios y a los periodistas. Sanciones que incluyen no sólo la posibilidad de imponer duras multas, sino la facultad de obligar a rectificar y también a pedir disculpas.

Estamos ante un instrumento de censura indirecta con capacidad de transformarse rápidamente en uno de censura directa. La sorpresiva designación coincide con la promoción de una nueva demanda de inconstitucionalidad contra la ley de comunicación ecuatoriana que impugna la norma mencionada por violar la Constitución de Ecuador, los tratados internacionales de derechos humanos y las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos referidas a la libertad de pensamiento, de expresión, de comunicación y de información.

Desde el autoritarismo se está asfixiando sistemáticamente a los medios independientes por la vía normativa, y esto ocurre en todo el ámbito bolivariano y en el de sus compañeros de ruta, es decir, aquellos gobiernos que, sin admitir abiertamente su pertenencia a la ideología autoritaria, están adoptando conductas claramente afines.

Este lamentable proceso fue objeto de gran preocupación en la 69° asamblea general de la Sociedad Interamericana de Prensa que se lleva a cabo actualmente en Denver, Estados Undos. Allí, Ricardo Trotti sostuvo que en nuestro país el Gobierno avanza en el control de medios privados. "Lo mismo ocurre en Ecuador, Nicaragua y Venezuela", sostuvo, al tiempo que alertó sobre la existencia, en esos países, de un creciente discurso "antimedios".

Las inversiones esquivan a Argentina, Bolivia y Venezuela

Los excesivos controles y la falta de seguridad jurídica hacen que las marcas internacionales que están llegando a la región eviten los países populistas como Argentina, Bolivia y Venezuela.

Veamos algunos ejemplos.

La marca portuguesa de zapatos Luis Onofre decidió apostar a América latina y, hace un par de semanas, anunció un plan de expansión en los principales países de la región. El programa incluye la apertura de tiendas propias en media decena de países, como Perú, México, Chile, Puerto Rico y Colombia, pero entre los cuales no figura la Argentina.

Lejos de ser una excepción, la política de la firma portuguesa de excluir al mercado argentino de sus planes de expansión en el último tiempo se volvió una constante y, en lo que va del año, más de una docena de marcas internacionales de indumentaria, calzado y gastronomía anunciaron la puesta en marcha de un plan de crecimiento en las principales ciudades de la región que no pasa por Buenos Aires , que a esta altura está en camino de convertirse en un destino tan poco atractivo para los inversores extranjeros como Caracas.

La exclusión de la Argentina en los planes impacta en todo tipo de marcas. Desde firmas de lujo como Prada, que esta semana confirmó que abrirá una tienda en un shopping de Santiago de Chile, o Dolce & Gabbana, que tras instalarse en Chile y Brasil ahora prepara su ingreso en Colombia y Perú, hasta propuestas más masivas, como la norteamericana GAP, que ya llegó a Montevideo y ahora anunció que su próximo destino en la región será Asunción, o la sueca H&M, que este año inauguró sus primeras tiendas sudamericanas en la Ciudad de México y la capital chilena.

La lista también incluye a las marcas norteamericanas American Eagle y Forever 21, que ya abrieron en México, y a la francesa Chevignon, que adelantó para los próximos meses su llegada a Ecuador, Colombia y Perú, mientras que hace unos días se conoció que la española Zara Home -cadena especializada en artículos de decoración y del hogar- ya inscribió la marca para abrir en Santiago de Chile, que de esta manera se sumaría a Río de Janeiro, San Pablo, Lima y Bogotá.

"Mientras siga esta política, nos tenemos que olvidar de que venga cualquier marca de afuera, porque generalmente trabajan con acuerdos con licenciatarios que están obligados a girar regalías al exterior y hoy no pueden hacerlo", se sinceró Martín Malara, director de Retco, una desarrolladora de shopping centers, que igualmente no descarta un cambio de tendencia. "Afuera están todos muy expectantes con un giro en la política argentina, y si se llega a producir creo que habría una avalancha de nuevas marcas en el país", agregó.

En otro shopping center tienen una visión más pesimista y no vislumbran un cambio positivo en el mediano plazo. "El problema no es que ya no vengan marcas del exterior, sino que las que habían llegado ahora se están yendo", aseguró el número uno de los principales centros comerciales del país.

A la hora de explicar la falta de interés de las marcas internacionales por el mercado argentino, en el sector destacan que no se trata de un problema de falta de demanda.

"Las marcas no quieren venir básicamente porque no saben si van a poder importar las colecciones que se trabajan con muchos meses de anticipación. Y, de hecho, hoy, el panorama se volvió a complicar, con todos los ingresos muy parados. Si bien la colección del próximo verano ya entró sin problemas, la situación es muy preocupante para el invierno próximo", explicó Marcelo Sorzana, director de la consultora Surreal.

El boom de nuevas marcas en la región también llegó a la gastronomía, y si bien en lo que va de 2013 se concretó la llegada de dos cadenas internacionales de comida rápida a la Argentina, como P. F. Chang's (comida china) y KFC (pollo frito), el panorama local está muy lejos de reflejar lo que sucede en mercados vecinos, donde también se vive un boom de desembarcos como los de Popeye y Chicken Factory (en Chile), y Sbarro (que abrirá tiendas en Perú y Colombia). "El problema del mercado local no pasa por una falta de interés. El público argentino busca cada vez más la novedad, y toda propuesta nueva tiene muy buena respuesta", señaló Damián Pozzoli, uno de los socios del fondo Degasa, que trajo al país a las cadenas KFC y Wendy's.

Vargas Llosa y la Argentina

Argentina, un país que era democrático cuando tres cuartas partes de Europa no lo eran, un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados.

El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo. Ese país que era un país de vanguardia ¿Como puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó? ¿Alguien lo invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?

No, los argentinos se hicieron eso ellos mismos. Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones.

¿Cómo se entiende eso? Un país con gentes cultas, absolutamente privilegiado, una minoría de habitantes en un enorme territorio que concentra todos los recursos naturales. ¿Por qué no son el primer país de la Tierra? ¿Por qué no tienen el mismo nivel de vida que Suecia, que Suiza?

Porque los argentinos no han querido. Han querido en cambio ser pobres. Seguir a “caudillos” de pacotilla, “salvadores” de porquería, locos, desquiciados por su mismo odio a todo lo que sea diferente a su locura. Han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo más espantoso. Hay en esto una responsabilidad del pueblo argentino.

Para mí es espantoso lo que ha ocurrido en Argentina. La primera vez que fui allí quedé maravillado. Un país de clases medias, donde no había pobres en el sentido latinoamericano de la pobreza. ¿Cómo pudo llegar a la presidencia una pareja tan diabólica, manipuladora, populistas en grado extremo, corruptos de calle como los Kirchner gobernando ese país?. Al menos ya uno no está!.

Esperemos que la que queda no pueda seguir hundiendo a ese otrora gran país argentino!
Sin embargo, a juzgar por sus diabólicas relaciones estrechísimas con el desquiciado, paria, bestia troglodita, de la extinta y queridísima República de Venezuela, todo parece indicar que ahora “Cristinita” se apegará aún más a ese escoria, aprendiz de dictadorzuelo, quien ya bastante le ha financiado su mandato a costa del noble pero incomprensiblemente inerte pueblo Venezolano.

¡Qué degradación política, qué degradación intelectual! Argentina y Venezuela, dos países extraordinarios vueltos pedazos por una sarta de demoníacos desquiciados!!!

Por eso me pregunto ¿Cómo es eso posible?

Mario Vargas Llosa
Madrid, España

100% Chávez

El populismo socialista de Venezuela alcanzó lo que alcanzan siempre. El desabastecimiento.

Esta foto de la localidad de Carabobo, indica claramente la spenurias para acceder a los productos básicos de una canasta familiar.

Los populistas adeptos pueden gritar orgullosos: Chávez lo hizo!

Lo que dejó Chávez

En Venezuela si Usted quiere comprar un paquete de harina de maíz, tiene que ser marcado con un número -como en un campo de concentración- y en ese orden podrá hacer la compra y solo un paquete por cabeza.

El perfil de un modelo "exitoso".


La censura democrática mediante el periodismo militante


Atinadísima frase del director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, cuando afirma:

"Hoy la información nos oculta la información. La información, en muchos casos, sólo sirve para ocultar otra información. Se difunde una información que nos impide acceder a la buena información. Es lo que yo llamo la Censura Democrática".

Jamás mejor definido el trabajo de los gobiernos populistas a través del periodismo militante.

Decálogo del populismo por Enrique Krauze


El mexicano Enrique Krauze, ingeniero industrial, ensayista y director de la Editorial Clío y director de la revista cultural Letras Libres, ha escrito un excelente artículo, publicado en el diario argentino La Nación, acerca del populismo que asola a América Latina.

Aquí la transcripción completa.

El populismo en Iberoamérica ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica "pueblo". Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón, quien había atestiguado directamente el ascenso del fascismo italiano y admiraba a Mussolini al grado de querer "erigirle un monumento en cada esquina". Populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez, quien venera a Castro hasta buscar convertir a Venezuela en una colonia experimental del "nuevo socialismo". Los extremos se tocan, son cara y cruz de un mismo fenómeno político cuya caracterización, por tanto, no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico sino de su funcionamiento. Propongo diez rasgos específicos.

1) El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. "La entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo -recuerda Max Weber- no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, «vive para su obra». Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido."

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, "alumbra el camino" y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. Weber apunta que el caudillaje político surge primero en las ciudades-estado del Mediterráneo en la figura del "demagogo". Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia es la causa principal de "las revoluciones en las democracias" y advierte una convergencia entre el poder militar y el poder de la retórica que parece una prefiguración de Perón y Chávez: "En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos tiranos fueron demagogos". Más tarde se desarrolló la habilidad retórica y llegó la hora de los demagogos puros: "Ahora quienes dirigen al pueblo son los que saben hablar". Hace veinticinco siglos esa distorsión de la verdad pública (tan lejana de la democracia como la sofística de la filosofía) se desplegaba en el Ágora real; en el siglo XX lo hace en el Ágora virtual de las ondas sonoras y visuales: de Mussolini (y de Goebbels) Perón aprendió la importancia política de la radio, que Evita y él utilizarían para hipnotizar a las masas. Chávez, por su parte, ha superado a su mentor Castro en utilizar hasta el paroxismo la oratoria televisiva.

3) El populismo fabrica la verdad. Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino "Vox populi, Vox dei". Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno "popular" interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla. En la Argentina peronista, los diarios oficiales y nacionalistas -incluido un órgano nazi- contaban con generosas franquicias, pero la prensa libre estuvo a un paso de desaparecer. La situación venezolana, con la "ley mordaza" pendiendo como una espada sobre la libertad de expresión, apunta en el mismo sentido; terminará aplastándola.

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado, que puede utilizar para enriquecerse o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, o para ambas cosas, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. La ignorancia o incomprensión de los gobiernos populistas en materia económica se ha traducido en desastres descomunales de los que los países tardan decenios en recobrarse.

5) El populista reparte directamente la riqueza, lo cual no es criticable en sí mismo (sobre todo en países pobres, donde hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo una parte del ingreso, al margen de las costosas burocracias estatales y previniendo efectos inflacionarios), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia. "¡Ustedes tienen el deber de pedir!", exclamaba Evita a sus beneficiarios. Se creó así una idea ficticia de la realidad económica y se entronizó una mentalidad becaria. Y al final ¿quién pagaba la cuenta? No la propia Evita sino las reservas acumuladas en décadas, los propios obreros con sus donaciones "voluntarias" y, sobre todo, la posteridad endeudada, devorada por la inflación. En cuanto a Venezuela (cuyo caudillo parte y reparte los beneficios del petróleo), hasta las estadísticas oficiales admiten que la pobreza se ha incrementado, pero la improductividad del asistencialismo (tal como Chávez lo practica) sólo se sentirá en el futuro, cuando los precios se desplomen o el régimen lleve hasta sus últimas consecuencias su designio dictatorial.

6) El populista alienta el odio de clases. "Las revoluciones en las democracias -explica Aristóteles, citando "multitud de casos"- son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos." El contenido de esa "intemperancia" fue el odio contra los ricos; "unas veces por su política de delaciones [...] y otras atacándolos como clase, [los demagogos] concitan contra ellos al pueblo". Los populistas latinoamericanos corresponden a la definición clásica, con un matiz: hostigan a "los ricos" (a quienes acusan a menudo de ser "antinacionales"), pero atraen a los "empresarios patrióticos" que apoyan al régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita a sus agentes y los manipula a su favor.

7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece "Su Majestad El Pueblo" para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra "los malos" de adentro y afuera. "El pueblo", claro, no es la suma de voluntades individuales expresadas en un voto y representadas por un parlamento; ni siquiera la encarnación de la "voluntad general" de Rousseau, sino una masa selectiva y vociferante que caracterizó otro clásico (Marx, no Carlos sino Groucho): "El poder para los que gritan «¡el poder para el pueblo!»".

8) El populismo fustiga por sistema al "enemigo exterior". Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de afuera. La Argentina peronista reavivó las viejas (y explicables) pasiones antiestadounidenses que hervían en Iberoamérica desde la Guerra del 98, pero Castro convirtió esa pasión en la esencia de su régimen: un triste régimen definido por lo que odia, no por lo que ama, aspira o logra. Por su parte, Chávez ha llevado la retórica antiestadounidense a expresiones de bajeza que aun Castro consideraría (tal vez) de mal gusto. Al mismo tiempo hace representar en las calles de Caracas simulacros de defensa contra una invasión que sólo existe en su imaginación, pero que un sector importante de la población venezolana (adversa, en general, al modelo cubano) termina por creer.

9) El populismo desprecia el orden legal. Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la "ley natural" y una desconfianza de las leyes hechas por el hombre. Por eso, una vez en el poder (como Chávez), el caudillo tiende a apoderarse del Congreso e inducir la "justicia directa" ("popular", "bolivariana"), remedo de una "Fuenteovejuna" que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta. Hoy por hoy, el Congreso y la Judicatura son un apéndice de Chávez, igual que en la Argentina lo eran de Perón y Evita, quienes suprimieron la inmunidad parlamentaria y depuraron, a su conveniencia, el Poder Judicial.

10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal. El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la "voluntad popular". En el límite de su carrera, Evita buscó la candidatura a la vicepresidencia de la República. Perón se negó a apoyarla. No por casualidad, en sus aciagos tiempos de actriz radiofónica, había representado a Catalina la Grande. En cuanto a Chávez, ha declarado que su horizonte mínimo es el año 2020.

¿Por qué renace una y otra vez en Iberoamérica la mala yerba del populismo? Las razones son diversas y complejas, pero apunto dos. En primer lugar, porque sus raíces se hunden en una noción muy antigua de "soberanía popular" que los neoescolásticos del siglo XVI y XVII propagaron en los dominios españoles, y que tuvo una influencia decisiva en las guerras de independencia desde Buenos Aires hasta México. El populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente "moderada" o "provisional": no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.

Desde los griegos hasta el siglo XXI, pasando por el aterrador siglo XX, la lección es clara: el inevitable efecto de la demagogia es "subvertir la democracia".

¿Es viable el estado de bienestar?


La idea del Estado de Bienestar logró un gran respaldo en los países europeos después de las trágicas guerras mundiales en donde las sociedades necesitaban un marco de seguridad.

El concepto de Estado de Bienestar nació con la idea de darles a los ciudadanos una sólida protección y asegurarles diversos servicios básicos. Para lograrlo el Estado se expandió recaudando altos impuestos y regulando el desarrollo y la vida social.

Los ciudadanos confiaron y le dieron gran parte de sus ingresos confiándole el cuidado de los mayores; la salud de todos y la educación de los niños.

Esta enorme planificación a largo plazo fue llevando a un déficit irresponsable y un alto endeudamiento que tuvo un giro inesperado para los ciudadanos. Dejó de ser un Estado benefactor.

Ahora que el continente está en crisis los indignados ciudadanos reclaman por sus derechos adquiridos ya que por ello pagaron. Por eso el enojo y la sensación de que fueron estafados.

Es fácil echarle la culpa a los mercados, al capitalismo y a los bancos, ya que impide ver la realidad de que el Estado de bienestar fracasó.

El mundo no está en crisis. Europa está en crisis. El Estado de bienestar está en crisis. El gasto desmedido está en crisis. Las regulaciones extremas están en crisis.

La estructura y los excesos del Estado de Bienestar están en crisis.

El Estado de Bienestar se basa en la peligrosa idea que el Estado es responsable por nuestro bienestar y no nosotros mismos. Es una actitud infantil delegar nuestra capacidad y deber de construir nuestras vidas en el Estado. Europa delegó en un grupo de burócratas lo que los hace adultos y libres.

El Estado no puede tener el poder de formar nuestras vidas. No está capacitado y además no corresponde.

¿Para qué trabajar o emprender cuando otro de todas maneras nos garantiza nuestro "derecho" al bienestar?

El Estado grande y pesado gasta mucho y gasta mal. Construye un sistema planificado de monopolios que elimina la competencia y la libertad de elección. Un Estado grande y pesado solo nos conduce a la ineficiencia y el derroche, siempre apoyado y gestionado por funcionarios con empleos vitalicios.

A Europa el Estado de bienestar lo ha conducido a esta crisis.

Los ciudadanos de Europa han descubierto que los famosos derechos solo eran ilusiones sembradas por políticos irresponsables.

No hay que olvidar esta lección. Jamás hay que entregarles a otros aquello que solo nosotros podemos y debemos hacer responsable y libremente.

Cuidemos a América Latina de estos gobiernos que predican con el populismo y el Estado de bienestar que crean sistemas insostenibles a largo plazo.